El Señor llamó:
—¡Samuel!
—Sí —respondió Samuel—. ¿Qué quiere?
Se levantó y corrió hasta donde estaba Elí.
—Aquí estoy. ¿Me llamó usted?
—Yo no te llamé —dijo Elí—. Vuelve a la cama.
Entonces, Samuel se volvió a acostar.
1 Samuel 3:4-5
Todos los niños tienen el deseo natural de conocer y explorar cosas aún desconocidas. Es la forma que conocemos la realidad que nos envuelve.
Samuel escuchó una voz desconocida, y aún habiendo servido al Señor durante años en el templo, no conocía Su Voz.
Es por esto que se levante con curiosidad a ver quién le había llamado. ¿Era Elí? Era el único que estaba en la casa en aquel momento.
En la primavera, cuando los reyes suelen salir a la guerra, (…) , David se quedó en Jerusalén.
Una tarde, después del descanso de mediodía, David se levantó de la cama y subió a caminar por la azotea del palacio. Mientras miraba hacia la ciudad, vio a una mujer de belleza singular que estaba bañándose.
Luego envió a alguien para que averiguara quién era la mujer (…)
«Es Betsabé, hija de Eliam y esposa de Urías el hitita».
2 Samuel 11:1-3
Otra persona con un deseo de cononcer en la Palabra de Dios es David, rey de Judá, quién había luchado muchas batallas y ganado con el Poder de Dios.
Sin embargo, una vez no fue a una batalla, sino que se quedó en su palacio, y después de levantarse de la siesta, vio una mujer muy hermosa por la ventana.
Podríamos decir que «por curiosidad», envió a alguien a que averiguara quién era esa mujer.
¿Qué le diferencia de la curiosidad que tuvo Samuel cuando quiso saber de dónde venía la voz y de quién era?
Así que el Señor llamó por tercera vez, y una vez más Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí.
—Aquí estoy. ¿Me llamó usted?
En ese momento Elí se dio cuenta de que era el Señor quien llamaba al niño. Entonces le dijo a Samuel:
—Ve y acuéstate de nuevo y, si alguien vuelve a llamarte, di:
“Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
Así que Samuel volvió a su cama. Y el Señor vino y llamó igual que antes:
—¡Samuel! ¡Samuel!
Y Samuel respondió:
—Habla, que tu siervo escucha.
Entonces el Señor le dijo a Samuel:
—Estoy por hacer algo espantoso en Israel.»
1 Samuel 3:8-11
Samuel tuvo una curiosidad motivada por un interés muy distinto al de David. En todo momento su actitud fue de obedecer alguien que le estaba llamando, y más aún, cuando se enteró de que era el Señor mismo quien lo llamaba, obedeció lo que se le había dicho diciendo «Habla, que tu siervo escucha».
Entonces, el Señor le contestó.
¿Qué hizo David, en cambio?
Entonces, a la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la dio a Urías para que se la entregara.
La carta le daba las siguientes instrucciones a Joab: «Pon a Urías en las líneas del frente, donde la batalla sea más violenta. Luego retrocedan, para que lo maten».
Samuel 11:14-15
¿En qué se comparan la curiosidad de Samuel y la de David?
• Ambos quisieron conocer alguna cosa.
• Pero, qué motivación había detrás de este deseo?
Samuel quiso conocer para obedecer a Elí, su maestro. Y más aún, cuando su maestro le dijo que era el Señor quien le hablaba, el aún quiso conocer qué le tenía que decir el Señor. Obedeció a sus dos Señores y aún más, para obedecer en la tarea tan difícil que le encomendó el Señor, que era hablar contra Elí.
David quiso conocer motivado por un deseo sexual, es decir, una motivación corporal que no disciplinó a tiempo y le acabó llevando al pecado sexual y a un asesinato.
Cómo el mundo define la palabra «curioso»:
Persona inclinada a aprender lo que no conoce.
DLE RAE
Cómo lo define la Palabra de Dios y el cristianismo histórico.
Persona inclinada a aprender lo que no conoce… de forma no disciplinada
La Palabra de Dios no nombra la palabra «curioso» en ningún lugar. Porque esta palabra proviene del latín, que es posterior a la Biblia. Pero los cristianos históricos como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino separaron el deseo de conocer en dos términos: curiositas y studiositas.
Básicamente hicieron distinción en querer «conocer motivados por un deseo disciplinado y piadoso», y «querer conocer motivados por un deseo carnal, impío e indisciplinado».
Nacemos con un deseo natural de conocer, porque de esta forma exploramos el mundo tan maravilloso que nos envuelve.
Pero con la edad y la madurez, la Palabra de Dios nos enseña a disciplinar este deseo, que al igual que otros deseos como el apetito o el sexual, hay que controlar siguiendo las enseñanzas de Dios.
Sino, el deseo de conocer indisciplinado nos puede llevar a querer conocer por motivaciones tan equivocadas y malas como querer avergonzar a alguien por algo que ha hecho, o por saber más que él, o incluso para perder el tiempo y hacer cosas que no edifican.
En cambio, el deseo de conocer (studiositas) que proviene de un corazón disciplinado y agradable al Señor, le lleva a aprender ciencia para conocer cuán grande es Dios, o conocer los problemas de los amigos para ayudarlos, o aprener un oficio para ayudar a los demás.
Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
1 Juan 2:16
El deseo por conocer que agrada a Dios es cuando queremos conocer con un corazón puro, no motivado por los ojos ni pasiones carnales.
Yo vine a la iglesia por un deseo de estar cerca de mi entonces novia, hace muchos años.
Habíamos estado leyendo la Biblia con durante medio año, pero la leía sin muchas ganas más que acercarme a ella. Pero en diciembre de 2015 escucé una conferencia hacerca de cómo se había preservado la Biblia a lo largo de más de 3000 años
Empecé a leer la Biblia cuando ví que Dios había conservado estos 66 libros intactos durante más de 3000 años a través de reinos, civilizaciones y guerras.
Entonces entendí que tenía un mensaje que vale la pena leer.
Dios me estaba hablando en aquel momento como habló a Samuel, y yo podía haber visto que no sacaría ningún provecho en leerla porque no me daba nada carnalmente hablando, pero miré más allá de los deseos carnales, para obedecer la voz de Dios. De este modo, empecé a leer por conocer más a un Dios que no había conocido hasta entonces.
Me habían hablado que Dios quiere que el mundo se arrepienta y que crea en Él, y que no pequemos. Pero estas palabras solamente no me motivaron nunca a querer leer la Palabra de Dios ni a tener deseo de conocer más de Él. Pero cuando un día solo en casa leí en internet acerca de todo lo que habían pasado los cristianos a lo largo de la historia, y de que Dios era un Dios que los había salvado de forma milagrosa, ví la conexión entre el poder de Dios (divino e inmaterial) y nuestra historia como personas (humano y material). Entonces dije, si Dios se relaciona con las personas de este modo tan maravilloso, entonces creo que se puede relacionado conmigo también.
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